jueves, 6 de noviembre de 2008

Homenaje al "Gran Fontanarrosa"

Este es el recuerdo que quiero tener de un grande de la cultura popular argentina que hace pocos meses perdimos incomprensiblemente.

TrabInodoro-01
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lunes, 11 de agosto de 2008

Inauguración de los Juegos Olímplcos. Beijing 2.008

El día 08 del mes 08 a la 08 hs. (de la tarde) y a los o8 minutos comenzó la majestuosa fiesta inaugural de los juegos olímpicos.

viernes, 8 de agosto de 2008

Andrés y Franquito.

Balcarce. 3/08/08. Andrés y Franquito, al día siguiente de su Bautismo.

jueves, 7 de agosto de 2008

Una Joya.

Beatles. Princes of Wales Theatre. "4 de noviembre de 1963".



En la parte que habla Jonh dice \" La gente
sentada en los asientos baratos, aplaudan. Las
otras hagan sonar sus joyas\", en relación a la
presencia de la reina Isabel II.



lunes, 4 de agosto de 2008

Cuarenta años de "Los Matadores"

Hoy se cumplen 40 años de la obtención del Metropolitano del 68 de los Matadores, el equipo de fútbol más extraordinario que me tocó ver en San Lorenzo, y uno de los dos o tres mejores de la historia del Fútbol Argentino.


Nota del Diario Olé.

La base de Los Matadores era: Buttice; Villar, Calics, Albrecht, Rosl; Telch, Rendo, Cocco; Pedro González, Fischer, Veglio. Tim fue el técnico brasileño que los condujo con clase.
"No juega Veira, no juega el Tucumano, porque la prensa dice que hay afano...", se oía el cantito, orgulloso, lanzado desde las gradas cuervas, jactándose de no poder ostentar en la hierba a dos figuras como el Bambino (jugó apenas cuatro partidos debido a lesiones varias) y Albretch (también por nanas, se perdió un par de choques sobre el final del torneo) y aún así desplegar la más maravillosa música que, aseguran unos cuantos propios y ajenos, haya entonado un equipo en la vasta historia del balompié nacional. Había afano en serio. Porque mataba Telch, quitando y dándola al pie del primer virtuoso que apareciese. Porque mataba Pedrito González con sus desbordes a 220, invisibles para el lateral de turno. Porque mataban Rendo y Villar, salidas eternas y finas por derecha. Porque mataba Fischer, vanguardista optimista del gol, todavía intentan descifrar su bicicleta quienes intentaron detener sus gritos. Porque mataba Cocco, caudillo con llegada y gol y más. Porque mataba Veglio, fantasista al que le quedaron trucos para entretener a la gente cuando Veira faltó. Porque, en definitiva, mataban todos, Los Matadores, primeros campeones invictos, los que dejaron chiquititos al Estudiantes de Zubeldía, al Racing de José, y, sobre todo, dejó minúscula a la pelota en ese glorioso 1968 guionado por Tim (Elba de Padua Lima), DT brasileño de obvio jogo bonito, el de la famosa manta corta, el que analizaba el rival en el primer tiempo para dar la charla técnica en el descanso, el que todos coinciden en que daba libertad pero laburaba. Por eso ese grupo de atorrantes también fuera del césped hizo de las suyas, aunque siempre sin dejar en offside su autoridad ni la del equipo en la cancha, inigualable , temida y admirada, era y será siempre del Ciclón, ¿te acordás, hermano?

viernes, 1 de agosto de 2008

Andrés en "La Colorada"

"Un trago para ver mejor".

"Tema de Robinson"
.



"Boogie de estudio"

jueves, 31 de julio de 2008

Valen y Trini

NO pelees Valen...

Presentación.

Buscando material me encontre con esta foto de Norber y Monegasco. Se los presento, aunque algunos los conocen de memoria.

martes, 29 de julio de 2008

"La monjita"


MONJITA SACRIFICADA
PARA ORAR, TODAS LAS MAÑANAS UNA MONJA IBA
POR EL PARQUE CAMINANDO JUNTO A UN GRUPO DE PUPILAS...


CUANDO DE REPENTE DIVISO A LA DISTANCIA A UN HOMBRE ACOSTADO EN EL PISO COM PLETAMENTE DESNUDO...
ELLA PENSÓ QUE SUS ALUMNAS, NO DEBERIAN VER ESE CUADRO...
Y DECIDIÓ SACRIFICAR SU PUDOR SENTÁNDOSE SOBRE EL HOMBRE CUBRIÉNDOLO CON EL HÁBITO...



AL RATO DE ESTAR SENTADA , SE SINTIÓ ILUMINADA Y COM ENZÓ A ORAR...
¡AY...!!! SANTA ROSA...
¿CÓMO SE LLAMA ESTA COSA...???


¡AY...!!! SAN ARTURO...
¡PARECE QUE ALGO ESTÁ DURO...!!!





¡AY...!!! SAN FERNANDO...
¡SIENTO ALGO QUE ESTÁ ENTRANDO...!!!




¡AY...!!! SAN VICENTE...
¡ES ALGO CALIENTE...!!!





¡AY...!!! SAN BENITO...
¡ESTO SÍ QUE ES BONITO...!!!






¡AY...!!! SAN ROLANDO...¡SIENTO QUE ME ESTOY MOJANDO...!! !






¡AY...!!! SANTO TOMÁS...
¡YA NO AGUANTO MÁS...!!!





¡AY...!!! SANTA ETERNIDAD...
¡PERDÍ LA VIRGINIDAD.. .!!!





¡AY...!!! SAN CLEMENTE...
¡QUE NO SE ENTERE LA GENTE.. !!!





¡AY...!!! SANTA CANUTA..
¡QUÉ LINDO HABIA SIDO SER PUTA...!!!




¡AY...!!! SAN PANCRACIO...
¡QUE ME LA SAQUE DESPACIO.. .!!!




¡AY...!!! MADRE AMADA...
¿NO QUEDARÉ PREÑADA...???





¡AY...!!! SAN FORMENTO... ¡NO VUELVO MÁS AL CONVENTO...! !!

¡Espectacular!.Perseo y Andrómena, de Frederick Leighton.


Una maravilla de pintura.

Aguanten los ochenta.

Vamos con los ochentosos. UN buen tema de Erasure.

jueves, 10 de julio de 2008

Mis alumnos de 5º 2a. en T.P.P.


Foto sacada el 10/7/08 para armar el blogs de economía, en donde voy a trabajar con los chicos. Esperemos que la experiencia nos de resultado y podamos empezar a desarrollar otras formas de enseñanza.

domingo, 6 de julio de 2008

No todo es lo que parece.

Humor Blanco: sexo y piedad
Desde el mismo momento en que nació su hija, la mujer empezó a prepararse para el día en el que la chiquita le hiciera la famosa pregunta: "¿Mamá, cómo nacen los bebés?" o algo relacionado con el sexo. Había leído distintos enfoques de pediatras, psicólogos y otras yerbas. Por eso, cuando a los siete años la nena le dijo "mamá, ¿qué significa pene?", la mujer asumió que había llegado la hora. Así empezó con aquella vieja frase: "Como papá y mamá se aman mucho....". Después pasó por la semillita y algunos otros detalles, todo en un lenguaje lo más simple posible. La nena la miraba como sorprendida. Cuando la mujer terminó con su monólogo, después de interminables veinte minutos, consultó: "Ahora, decime una cosa ¿por qué me preguntaste el significado de pene? La nena respondió: "Porque en la parroquia hoy nos dieron esta estampita con una oración y nos dijeron que era para que el alma no pene".

Nació Franco


Bienvenido hermosa criatura. 10-4-08. Tandilense de nacimiento, Balcarceño por residencia.

sábado, 22 de marzo de 2008

Recuerdo de un grande."Pablo Neruda".





Casualmente después de tres meses de descanso, vuelvo a escribir para rendir homenaje a un poeta latinoamericano, comprometido con su tiempo y su pueblo.

Discurso de Neruda en la entrega del Premio Nobel de Literatura.1971

Mi discurso será una larga travesía, un viaje mío por regiones, lejanas y antípodas, no por eso menos semejantes al paisaje y a las soledades del norte. Hablo del extremo sur de mi país. Tanto y tanto nos alejamos los chilenos hasta tocar con nuestros limites el Polo Sur, que nos parecemos a la geografía de Suecia, que roza con su cabeza el norte nevado del planeta. Por allí, por aquellas extensiones de mi patria adonde me condujeron acontecimientos ya olvidados en sí mismos, hay que atravesar, tuve que atravesar los Andes buscando la frontera de mi país con Argentina. Grandes bosques cubren como un túnel las regiones inaccesibles y como nuestro camino era oculto y vedado, aceptábamos tan sólo los signos más débiles de la orientación. No había huellas, no existían senderos y con mis cuatro compañeros a caballo buscábamos en ondulante cabalgata -eliminando los obstáculos de poderosos árboles, imposibles ríos, roqueríos inmensos, desoladas nieves, adivinando mas bien el derrotero de mi propia libertad. Los que me acompañaban conocían la orientación, la posibilidad entre los grandes follajes, pero para saberse más seguros montados en sus caballos marcaban de un machetazo aquí y allá las cortezas de los grandes árboles dejando huellas que los guiarían en el regreso, cuando me dejaran solo con mi destino. Cada uno avanzaba embargado en aquella soledad sin márgenes, en aquel silencio verde y blanco, los árboles, las grandes enredaderas, el humus depositado por centenares de años, los troncos semi-derribados que de pronto eran una barrera más en nuestra marcha. Todo era a la vez una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de frío, nieve, persecución. Todo se mezclaba: la soledad, el peligro, el silencio y la urgencia de mi misión. A veces seguíamos una huella delgadísima, dejada quizás por contrabandistas o delincuentes comunes fugitivos, e ignorábamos si muchos de ellos habían perecido, sorprendidos de repente por las glaciales manos del invierno, por las tormentas tremendas de nieve que, cuando en los Andes se descargan, envuelven al viajero, lo hunden bajo siete pisos de blancura. A cada lado de la huella contemplé, en aquella salvaje desolación, algo como una construcción humana. Eran trozos de ramas acumulados que habían soportado muchos inviernos, vegetal ofrenda de centenares de viajeros, altos cúmulos de madera para recordar a los caídos, para hacer pensar en los que no pudieron seguir y quedaron allí para siempre debajo de las nieves. También mis compañeros cortaron con sus machetes las ramas que nos tocaban las cabezas y que descendían sobre nosotros desde la altura de las coníferas inmensas, desde los robles cuyo último follaje palpitaba antes de las tempestades del invierno. Y también yo fui dejando en cada túmulo un recuerdo, una tarjeta de madera, una rama cortada del bosque para adornar las tumbas de uno y otro de los viajeros desconocidos. Teníamos que cruzar un río. Esas pequeñas vertientes nacidas en las cumbres de los Andes se precipitan, descargan su fuerza vertiginosa y atropelladora, se tornan en cascadas, rompen tierras y rocas con la energía y la velocidad que trajeron de las alturas insignes: pero esa vez encontramos un remanso, un gran espejo de agua, un vado. Los caballos entraron, perdieron pie y nadaron hacia la otra ribera. Pronto mi caballo fue sobrepasado casi totalmente por las aguas, yo comencé a mecerme sin sostén, mis pies se afanaban al garete mientras la bestia pugnaba por mantener la cabeza al aire libre. Así cruzamos. Y apenas llegados a la otra orilla, los baqueanos, los campesinos que me acompañaban me preguntaron con cierta sonrisa: ¿Tuvo mucho miedo? Mucho. Creí que había llegado mi última hora, dije. Íbamos detrás de usted con el lazo en la mano me respondieron. -Ahí mismo –agregó uno de ellos– cayó mi padre y lo arrastró la corriente. No iba a pasar lo mismo con usted. Seguimos hasta entrar en un túnel natural que tal vez abrió en las rocas imponentes un caudaloso río perdido, o un estremecimiento del planeta que dispuso en las alturas aquella obra, aquel canal rupestre de piedra socavada, de granito, en el cual penetramos. A los pocos pasos las cabalgaduras resbalaban, trataban de afincarse en los desniveles de piedra, se doblegaban sus patas, estallaban chispas en las herraduras: más de una vez me vi arrojado del caballo y tendido sobre las rocas. La cabalgadura sangraba de narices y patas, pero proseguimos empecinados el vasto, el espléndido, el difícil camino. Algo nos esperaba en medio de aquella selva salvaje. Súbitamente, como singular visión, llegamos a una pequeña y esmerada pradera acurrucada en el regazo de las montañas: agua clara, prado verde, flores silvestres, rumor de rios y el cielo azul arriba, generosa luz ininterrumpida por ningún follaje. Allí nos detuvimos como dentro de un círculo mágico, como huéspedes de un recinto sagrado: y mayor condición de sagrada tuvo aun la ceremonia en la que participé. Los vaqueros bajaron de sus cabalgaduras. En el centro del recinto estaba colocada, como en un rito, una calavera de buey. Mis compañeros se acercaron silenciosamente, uno por uno, para dejar unas monedas y algunos alimentos en los agujeros de hueso. Me uní a ellos en aquella ofrenda destinada a toscos Ulises extraviados, a fugitivos de todas las raleas que encontrarían pan y auxilio en las órbitas del toro muerto. Pero no se detuvo en este punto la inolvidable ceremonia. Mis rústicos amigos se despojaron de sus sombreros e iniciaron una extraña danza, saltando sobre un solo pie alrededor de la calavera abandonada, repasando la huella circular dejada por tantos bailes de otros que por allí cruzaron antes. Comprendí entonces de una manera imprecisa, al lado de mis impenetrables compañeros, que existía una comunicación de desconocido a desconocido, que había una solicitud, una petición y una respuesta aún en las más lejanas y apartadas soledades de este mundo.