Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a la pobreza.(La siesta del martes) 1962.
El dentista regresó secándose las manos. "Acuéstese-dijo-y haga buches de agua de sal". El alcalde se puso de pie, se despidió con un displicente saludo militar,y se dirigió a la puerta estirando las piernas, sin abotonarse la guerrera.
-Me pasa la cuenta-dijo.
-¿A usted o al municipio?
El alcalde no lo miró. Cerró la puerta, y dijo, a través de la red metálica:
-Es la misma vaina. (Un día de éstos)1962.
LOS FUNERALES DE LA MAMÁ GRANDE